El síndrome de dependencia alcohólica, habitualmente conocido como alcoholismo, es una enfermedad frecuente, que padece alrededor del 4-5% de la población española.
La mayor parte de enfermos no son conscientes de su adicción hasta que ésta se halla muy avanzada. Ello es así porque mucha gente cree que sólo son alcohólicas las personas que se emborrachan habitualmente, o las que no pueden pasar un día sin beber.
Bien al contrario, la mayor parte de alcohólicos son personas normales, que desarrollan una actividad laboral normal y tienen una vida social y familiar estables.

 

Conforme avanza la dependencia el individuo experimenta cambios en el carácter, tornándose en ocasiones más irritable y agresivo, así como ansioso y taciturno.
Son frecuentes las complicaciones sociales, legales, conyugales y laborales. En esta situación el enfermo tiende a perder progresivamente el interés por aquellas actividades que no están asociadas al consumo de bebidas alcohólicas.

 

Tratamiento

 

El tratamiento se inicia con la evaluación inicial, que permite objetivar la intensidad del problema y adecuar la intervención terapéutica a las necesidades del paciente.
El tratamiento suele iniciarse con un periodo de desintoxicación, que permite suprimir el consumo de bebidas alcohólicas sin esfuerzo.
Esa fase inicial va seguida de un proceso de rehabilitación en el que el paciente se plantea como objetivo inicial superar su dependencia psicológica y llevar una vida satisfactoria en ausencia de bebidas alcohólicas.
En este proceso son útiles los soportes psicológicos a menudo complementados con tratamientos médicos de apoyo.

 

Resultados

 

Es importante señalar que estos tratamientos son altamente efectivos si se realizan correctamente. La desintoxicación es efectiva en el 100% de los casos, y la rehabilitación es satisfactoria en más del 90% de los pacientes que realizan correctamente el tratamiento.